Viajes épicos: un paseo por América del Sur para visitar a Kenny, Bernardita y Angelina

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¡Hola! Me llamo Shalynn Pack. Mi esposo Adam y yo somos los orgullosos padrinos de Angelina, (de 10 años), una niña lista de Colombia, y Kenny (de 16 años), un adolescente serio e inteligente de Ecuador. (Antes apadrinábamos a Bernardita, quien ahora tiene 17 años, de Chile.)

Adam y yo empezamos a apadrinar a través de Children International en 2009 siendo jóvenes estudiantes universitarios, enamorados, pero apenas llegando a fin de mes con lo poco que ganábamos. Para ser honesta, tenía mis dudas cuando me inscribí —¿realmente recibirían este dinero los niños?—. ¿Podríamos permitirnos el lujo de contribuir en ese momento? Sin embargo, el alegre y apasionado voluntario de CI nos convenció de inscribirnos, y me prometí que no compraría café ni dulces en el campus para compensar la diferencia en mi cuenta bancaria.

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En 2009, Shalynn y Adam comenzaron a apadrinar a Bernardita y Kenny (en aquel tiempo de 10 y 9 años, respectivamente). En 2014, empezaron a apadrinar a Angelina (en aquel tiempo de 8 años).

El apadrinamiento nos enganchó cuando comenzamos a escribir cartas a nuestros niños apadrinados. Hemos aprendido mucho acerca de ellos a través de nuestra correspondencia:

  • A Kenny le encanta jugar al ajedrez, aprender acerca de las matemáticas y jugar fútbol.
  • Bernardita es muy inteligente, adora a su familia y quiere ser enfermera.
  • A Angelina le encanta dibujar, jugar con sus amigos en la playa y también es muy receptiva en las cartas. Está claro que a ella le gusta compartir su vida conmigo, al igual que yo con ella.

Después de varios años de corresponder, sabíamos que ya era hora de que conociéramos en persona a los niños. ¡Así comenzó nuestra gran aventura!

Kenny

Cuando Adam y yo nos graduamos de la universidad en 2010, planeamos el gran viaje —una excursión de 6 meses que nos llevaría desde Ecuador hasta Chile. Podríamos visitar a Kenny en Guayaquil cuando llegamos y a Bernardita en Valparaíso antes de dejar el continente. Nos reunimos con Kenny dentro de la primera semana de nuestra aventura.

Shalynn y Adam visitan la casa de Kenny

Shalynn y Adam conocen la familia de Kenny en Guayaquil.

Al entrar en las instalaciones de CI en Guayaquil, Ecuador, nos sentimos emocionados y conmovidos. El personal nos presentó a Kenny mientras él estaba en una clase de informática en el centro comunitario. En aquel entonces de 10 años de edad, él era muy tímido y entusiasmado. También conocimos a su mamá y hermana en casa, la cual tenía un techo de hojalata, un estante y una cama para los tres. Nos sentimos muy honrados cuando Kenny nos mostró una de sus únicas posesiones: un álbum de todas las fotos que Adam le había enviado.

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Kenny y Adam hojean un álbum de fotos

Kenny comparte una posesión atesorada con Adam —el álbum de las fotos que Adam le había enviado a Kenny con sus cartas—.

Bernardita

Cinco meses más tarde, después de muchas aventuras y una increíble propuesta de matrimonio en Machu Picchu (¡bien hecho, Adam!), aterrizamos en Valparaíso, Chile, para conocer a Bernardita (entonces de 11 años). Ella fue muy cortés, amable y tímida en nuestro primer encuentro.

Fue genial verla abrirse poco a poco después de jugar en un centro comercial, caminar en la playa y visitar su casa en las afueras de la ciudad. La casa de dos habitaciones alojaba su abuela, su abuelo, su primo y su mamá, quien necesita atención constante debido a una discapacidad del desarrollo.

Bernardita y Shalynn juegan un partido de hockey de aire

Bernardita y su madrina Shalynn se relacionan durante un partido de hockey de aire.

Mientras la abuela de Bernardita horneaba pan para nosotros en su horno de piedra, Bernardita me mostró el álbum de fotos de su familia. Las fotos relataron una historia de estabilidad económica y luego una de pérdida después de que su padre falleció.

Volvimos a llorar cuando Bernardita nos mostró las fotos que adornaban la pared —eran las fotos que le habíamos enviado—.

Por la tarde, caminamos por el bosque detrás de la casa y recogimos zarzamoras, disfrutando los últimos momentos de nuestra maravillosa visita y el final de nuestra aventura de seis meses.

Shalynn y Adam posan para una última foto con Bernardita y su familia

Shalynn, Adam, Bernardita y su familia se toman una última foto en grupo antes de despedirse.

Angelina

En 2015, después de cinco años de trabajo y del posgrado, Adam y yo habíamos ahorrado suficiente dinero para hacer un viaje invernal a Colombia. Habíamos oído de sus hermosas playas, selvas densas y cultura vibrante, pero lo que más nos atrajo fue el hecho de que Angelina estaba allí.

Me di cuenta mediante sus cartas que ella era una niña inteligente y entusiasta —dentro de pocos días de recibir las cartas, ella respondía con dibujos detallados do los animales silvestres y los lugares de los cuales le había contado en mis cartas—.

Shalynn, Angelina y su mamá se detienen para una foto en el castillo más antiguo de Cartagena

Shalynn y Adam recorrieron el famoso castillo San Felipe de las Barajas de Cartagena con Angelina y su mamá.

Llegando por avión a la antigua ciudad amurallada de Cartagena, traté de adivinar en qué parte de la ciudad vivía ella y cómo era su vida allí. No podíamos visitar su casa ya que el barrio de Angelina se vuelve demasiado peligroso los fines de semana. Sólo podía suponer lo que esto significaba en la vida cotidiana de una niña de 9 años de edad.

Al día siguiente, Angelina entró en nuestras vidas fisicamente como la niña más amable, más entusiasmada y más inteligente de toda la ciudad. La mamá de Angelina había rizado y colocado una diadema floral en su pelo para corresponder con su vestido blanco y planchado. Angelina no era nada tímida. De hecho, hablaba más que su madre, quien era amable, tranquila y obviamente fuerte.

Angelina y Shalynn en el centro comercial

“Angelina entró en nuestras vidas fisicamente como la niña más amable, más entusiasmada y más inteligente de toda la ciudad”, dice madrina Shalynn.

Aprendimos que cuando Angelina estaba recién nacida, su mamá les trasladó a Cartagena en busca de una vida mejor; su hogar en la costa pacífica de Colombia es una región con pocas oportunidades económicas, infraestructura mínima y mucho tráfico de drogas. Habían estado formando una vida en la ciudad durante los últimos años, y su mamá le estaba dando a Angelina una niñez maravillosa. La niña dulce sobresalía en la escuela y tenía buenos amigos.

Durante nuestra visita, le di a Angelina un oso panda de peluche que me encantaba de niña. Sus ojos brillaban. Ella llevó a “Panda” a todos los lugares donde fuimos —al centro comercial donde comimos helado y al famoso castillo de Cartagena, donde exploramos cada rincón—. Angelina escaló las paredes del castillo, alternando entre saltos para abrazarme y parándose serenamente al borde del castillo en contemplación de su ciudad.

Shalynny y Angelina comen helado en el centro comercial

Shalynn y Angelina disfrutaron un refrigerio dulce antes de hacer turismo en Cartagena.

Ahora en sus cartas ella incluye dibujos de “Panda” jugando con ella en la playa, traveseando en su casa y estudiando.

La mejor decisión que hemos tomado

Cuando nos inscribimos como padrinos por primera vez, sabíamos que era lo correcto —era importante compartir la riqueza y la abundancia que por suerte teníamos—. Una gran parte del mundo tiene tan poco mientras nosotros tenemos mucho.

Sin embargo, con el tiempo, he notado que no se trata tanto del dinero que reciben nuestros apadrinados sino del cariño que tenemos y la relación que construimos el uno con el otro.

Aunque los servicios sociales que reciben los apadrinados son vitales para su seguridad y desarrollo, el hecho de que ellos saben que hay alguien al otro lado del mundo que se preocupa por ellos es igual de importante.

Una visita a Cartagena fortalece el vínculo entre una madrina y su apadrinada

“No se trata tanto del dinero que reciben nuestros apadrinados sino del cariño que tenemos y la relación que construimos el uno con el otro,” escribe Shalynn.

Una persona puede marcar la diferencia para una niña al otro lado del mundo al mostrarle que ella es una persona especial, estimada y animada a superarse.

A pesar de que el ayudar a una sola persona puede parecer una gota en el océano, Children International es prueba viviente de que esa gota puede ser el mundo entero de esa persona. De esta manera, al transmitir el amor y el apoyo uno por uno, mejoraremos el mundo.

Estamos muy agradecidos por contar con madrinas asombrosas como Shalynn. ¡Conozca otra persona increíble!

Comentarios

liro456
jul 16, 2016

What an amazing story...thank you for sharing your sponsorship story and showing others how important and rewarding it can be for both sponsor and sponsored child!

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