Una persona de valor

Wilson luchó para superar el racismo y CREER EN SÍ MISMO OTRA VEZ

El acoso comenzó cuando Wilson estaba en su infancia. Niños en su vecindario se burlaban de él, de su tez oscura. Los adultos le trataban como si no existiera. El niño tímido se aisló cada vez más, con temor a decir o hacer algo que llamaría la atención.

Esa sensación de aislamiento de Wilson empeoró cuando su padre abandonó a la familia. Su madre Melba despertaba a la 4 de la madrugada diariamente y trabajaba todo el día, logrando ganar apenas unos $125 al mes para sustentar a una familia de ocho. “Mi mamá es una señora luchadora. Mi papá no estuvo en tiempos que yo quise que estuviera”, recuerda él.

Wilson y su familia pertenecen a la comunidad garífuna de Honduras. Los garífunas de hoy son descendientes de los sobrevivientes de un naufragio de esclavos nigerianos en el siglo XVII, muchos de ellos exiliados a la costa de Honduras. Los garífunas representan la tercera minoría más grande en Honduras, y enfrentan constante discriminación y exclusión de la sociedad en general.


Mi niñez me dejó con muchas heridas”.

Un rayo de esperanza

Desesperada por ayudar a su hijo, Melba lo inscribió en el programa de Children International a los 3 años de edad, y él esperaría casi dos años antes de encontrar alguien que le apadrinara. Tras ser apadrinado, la calidad de vida de Wilson mejoró al recibir atención médica, apoyo educacional y regalos de cumpleaños y Navidad.

A pesar de la ayuda que recibía, Wilson evitaba participar en situaciones sociales. “Me daba miedo que me vieran diferente por ser como soy”, dice él. Sin embargo, un día decidió ir al centro comunitario de Children International para involucrarse más en el programa.

Fue ahí cuando él comenzó a desenvolverse. Wilson observaba a otros hasta que sentía la confianza para contribuir. Pronto se dio cuenta que nadie le prestaba atención al color de su piel. “[Children International] mira a todos por igual”, dice él agradecido.


Wilson fue inscrito en el programa a los 3 años de edad.

Sin embargo, Wilson seguía traumatizado por el racismo que experimentaba en su vida cotidiana. Un momento transcendental ocurrió cuando asistió a un campamento juvenil organizado por Children International. Él recuerda: “Nos dijeron ustedes no tienen que prestarle atención a la gente que les diga cosas malas. Sólo hay que decir, ‘Soy orgullosamente negro, porque eso es lo que soy’. No deben sentirse avergonzados de su color porque lo que importa es que sean personas bellas de corazón. Eso me abrió los ojos y la mente”.

Lo que queda por delante

Como alguien que siempre está dispuesto a dar más, Wilson hoy apoya como voluntario del programa en su comunidad. Cuando no está en la escuela o liderando un taller de refuerzo escolar, él está ayudando a niños menores a escribir cartas a sus padrinos. “Es bonito que se acerquen a pedirte ayuda para escribir una carta”, dice él.

Dilsy, la hermana de Wilson de 22 años de edad, apoya los esfuerzos de su hermano y agradece la seguridad que le brinda el centro comunitario de Children International en San Pedro Sula, una ciudad con una de las tasas de homicidio más altas en el mundo. “Me alegra cuando él va al centro comunitario,” dice ella, “Aquí hay de todo [peligro]. Es mejor que él pase su tiempo ahí que en la calle.

“Le decimos a Wilson que aproveche esta oportunidad porque nosotros no la tuvimos. Que tiene que estudiar y esforzarse para que él pueda dar una buena vida a mi mamá y a él mismo”.

Wilson ahora espera con emoción graduarse de la secundaria, y está listo para trabajar arduamente por lo que venga hacia él. “Me han enseñado que uno puede salir adelante y que ningún trabajo es malo. Uno puede salir adelante humildemente, aunque sea con poco”.

El trabajo de Wilson como voluntario de programas beneficia a su comunidad entera.


No logro expresar lo que Children International es para mí. Me han ayudado de tantas formas que no sé qué diría. Estar en el Programa ha cambiado una parte de mi vida por completo.

Me estoy esforzando para ser una persona de valor”.

Nuestra diversidad es nuestra fuerza

La historia de Wilson ejemplifica la manera en que Children International aborda la intolerancia y el prejuicio. En el fondo, nuestros valores nos guían a respetar y aceptar a todas las personas, sin importar el color de su piel, y ayudar a cultivar su potencial. La diversidad de nuestro personal y los niños a quienes ayudamos ayudan a crear un ambiente comprometido con multiplicar el bien en el mundo. El racismo es la antítesis de lo que representamos y creemos.

A medida que los Estados Unidos lucha por conseguir justicia racial, nuestro trabajo en Little Rock, Arkansas, es más importante que nunca. En una ciudad donde la población es 42% negra, la pobreza y las desigualdades en las áreas de salud, educación, empoderamiento y empleo son numerosas. Uno de cada 5.6 residentes de Little Rock vive en situación de pobreza. El navegar sistemas persistentes de discriminación es parte de la vida diaria de nuestros niños, sus familias y nuestros empleados.

A través de nuestros programas, estamos abordando las desigualdades que los niños y jóvenes en todo el mundo enfrentan en sus comunidades. Ya sea justicia racial en Little Rock, colorismo en la República Dominicana, o la desigualdad de género en la India, estamos confrontando y superando las disparidades que afectan el bienestar psicológico de los niños y jóvenes, así como también sus oportunidades de prosperar.

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