Una vida definida, pero no por la dote

 

Shanaz está enfocada en un futuro concebido por ella misma, no por otros.

Una mujer demuestra que ella no es propiedad de nadie, luego busca comprarse una propiedad

Un recuerdo inquietante ha acechado a Shanaz, de 27 años de edad, cuando se compara a otras mujeres jóvenes de su comunidad. Ella se imagina a su prima de tan solo 16 años. Por un momento se rostro irradia amor. Luego su expresión pasa a una de terror cuando llamas estallan de una estufa de kerosín. Shanaz oye los respiros finales de su prima mientras trata de escaparse de la claustrofóbica casa donde había sido encerrada.

"Fue una muerte por dote", explica Shanaz. Los padres de su prima no tenían para el regalo tradicional de dinero o propiedad que es transferido a la familia del novio al momento de matrimonio. "Su familia no la aceptó", dice ella, "y la quemaron viva".

Casos como este, por más chocantes que sean para muchas personas, no son inusuales en la India. Según el Registro Nacional de Estadística Criminal de la India, una mujer muere cada hora como consecuencia de una dote. Las que no son asesinadas o empujadas al suicidio pueden pasar hambre, ser golpeadas o encerradas en el hogar de sus familias.

"Siempre he notado que las niñas en mi comunidad se casaban antes de los 15 años de edad, y luego perdían el control de sus propias vidas… tenían hijos, sufrían de abuso físico por sus maridos […]", informa Shanaz.

"Yo quería estar en control de mi vida. Este deseo surgió por medio de varios talleres que recibí […]. Me di cuenta de que yo tenía una aptitud para el liderazgo. Entonces, ¿por qué permitiría que otra persona tomara control de mi vida?"

De todos los jóvenes fuera del ámbito escolar, el 53% son mujeres. Esto es pesar del hecho que se calcula que el salario medio de una mujer aumenta entre 10 y 20 por ciento por cada año adicional de estudio secundario.

 

"Inicialmente, los que me apuntaron con el dedo ahora les dicen a sus hijas que ellas deberían ser como yo."

Más allá del techo de bambú

Shanaz encontró control a través del apadrinamiento, el cual le dio la oportunidad de obtener una educación, un privilegio poco común para las niñas de su aldea. El apoyo que le brindó su padre Abbas, un vendedor de coco, fue incluso menos común. "Aproveché los beneficios del programa de apadrinamiento para dejar que mi hija hiciera y madurara cuanto le fuera posible", dice Abbas.

La actitud de Abbas era tan heterodoxa que hasta su esposa difería con él. Ella insistía que Shanaz dejara de estudiar después del noveno grado, pero su esposo apoyaba a su hija incondicionalmente. "La gente me decía, 'Cásala, cásala'", cuenta él. "Entonces tuve que defenderla y decir, '¡No! Si ella quiere estudiar —lo que quiera hacer— pues déjenla en paz, que lo haga'. Mi hija, después de encontrar empleo, ha hecho todo esto", añade él, señalando a la casa de ladrillos de dos pisos donde vive su familia.

"Sin el apadrinamiento, quizás no hubiera avanzado más allá del octavo grado, como mis hermanos", concede Shanaz."

El éxito que Shanaz ha logrado en su profesión le está ayudando a construir una vivienda mejor para su familia.

El apoyo que le brindó el apadrinamiento le ayudó a terminar la secundaria, cubrió los gastos de su primer año de universidad y le ayudó a recibir educación vocacional para que pudiera trabajar como sastre y tutora. Ella usó esos conocimientos para pagar el resto de sus estudios universitarios y obtener una maestría en Trabajo Social.

Hoy, Shanaz es asistente de recursos humanos en una manufacturera de acero. Ella usa sus ingresos para transformar radicalmente la casa de su familia y cubrir los gastos de sus hermanos. "Lo que he logrado", dice ella con orgullo, "al construir esta casa, es algo que muchos hijos —ni digamos mujeres— no han podido hacer por sus familias".

Asimismo, ella sabe lo que quiere. El momento en que Shanaz pague el préstamo que sacó para las renovaciones a la casa de su familia, ella comenzará a estudiar para una maestría en Administración de Empresas, con la esperanza de que la promuevan a gerente de recursos humanos.

"Inicialmente, los que me apuntaron con el dedo ahora les dicen a sus hijas que ellas deberían ser como yo", dice Shanaz. "Estoy muy contenta con mi vida, y me gustaría agradecer de corazón a mi padrino".

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