En momentos difíciles, ella encuentra fortaleza en los niños esperanzados

"No me gusta ver felices a las personas, y detesto aún más cuando me piden ser parte de ello”.

Mi sobrina me dijo esto durante una fiesta de Navidad, después de que le pedí que se uniera a la diversión. Fue una respuesta chocante, pero había una explicación.

“El sentirme feliz me hace sentir desleal a mi mamá y mi papá”, me confesó ella cuando le pedí de broma que me regalara una expresión de alegría después de pasar cinco horas trenzando su pelo.

En ese momento me di cuenta de que mi sobrina, durante los últimos ocho años, ha estado silenciosamente lamentando la muerte de sus padres. Ntiinta perdió a su padre a los 2 años de edad. Cuando cumplió 12 años, su madre —mi hermana mayor— también falleció.

El transcurso de los años parecía consumir la alegría de mi sobrina. Nada parecía interesarle. Pasaba su tiempo sola en casa, encerrada en su cuarto.

Con el tiempo, nosotros nos adaptamos a su situación incomprensible. Evitábamos hablar de sus padres, ya que sentíamos que eso la entristecería. Fue otro vacío que ayudamos a crear dentro de ella.

De igual manera, no tenía la menor comprensión de este dolor hasta que perdí a mi propio padre.

La experiencia es el mejor maestro

Ocho horas después de celebrar mi cumpleaños este año, mi padre falleció como consecuencia de la diabetes. El viernes, 9 de octubre, recibí la llamada mientras estaba en un taller del Cuerpo de Salud de Jóvenes en Kafue, Zambia, a 54 km de nuestras oficinas en Lusaka.

Me sentí impotente y lloré todo el viaje de vuelta. A diferencia de un niño cuya madre lo carga sujetado a su espalda, la expectativa era que yo tomaría la situación con calma. Yo ya era independiente. La gente esperaba que yo controlara mis emociones, me calmara y siguiera adelante con la vida.

Audrey sostiene la cámara Kodak mientras mira fotos de su padre en in Lusaka, Zambia

El cargar la cámara Kodak de su difunto padre, Audrey Hamayanda, nuestra coordinadora de comunicaciones en Lusaka, Zambia, suscita tiernos recuerdos de él. Aquí Audrey observa una foto de su padre.

“No llores. Mantente fuerte por tu madre”, me decía la gente consoladora. La gente supone que cuando uno llega a ser un adulto independiente y capaz de expresarse, uno puede afrontar lo que sea. Eso es falso.

Si uno todavía se encuentra emocionalmente dependiente de alguien, pese a cualquier otra red de seguridad, entonces sentirá que el mundo se le hunde, al igual que un niño. La sensación de abandono llega de inmediato, especialmente cuando el fallecido ha sido su modelo a seguir y fuente de inspiración, así como mi padre lo fue para mí. Mi realidad dejó de ser segura y firme.

Un mes más tarde y aún llorando la muerte de mi padre, noté que estaba perdiendo interés en muchas cosas que antes me apasionaban. Por ejemplo, la emoción de usar una cámara—una de mis más grandes pasiones— estaba desvaneciendo. El tan solo tocar una cámara suscitaba lágrimas y un nudo en la garganta al recordar a mi padre ayudándome a sostenerla y enseñándome a usarla cuando yo era niña.

Su primera cámara fue una Kodak Instamatic 133 de los años 50. Como con todas las cámaras de película, no era posible ver ni borrar fotos al instante. Cada toma era importante.

Fue hasta que crecí que me di cuenta de que sólo uno padre cariñoso dejaría que un hijo use rollos de película indiscriminadamente. El rollo parecía durar una eternidad. A veces tardaría semanas en recibir copias de las fotos. Comencé disfrutando del sonido del obturador. Luego poco a poco aprendí a enfocar los objetos y así nació mi pasión por la fotografía —una fomentada por mi padre—.

El haber aprendido de su padre a tomar fotos con su cámara Kodak de los años 50 fue lo que inspiró a Audrey a convertirse en fotógrafa.

Una nueva perspectiva

Convertí esa pasión por la fotografía en un empleo. Como oficial de apadrinamiento en mi puesto de trabajo anterior y hoy como coordinadora de comunicaciones de Children International, paso tiempo con los niños, conversando con ellos sobre sus intereses y les tomo fotos. Después de nuestras conversaciones escribo sus historias. Habiendo trabajado con niños de escasos recursos (mucho de ellos huérfanos) por más de ocho años, he notado ciertas tendencias y comportamientos en común.

Siempre se me ha hecho difícil conversar con la mayoría de los niños huérfanos. Pedirles que posen para una foto es como pedirles que aguanten un golpe. He encontrado casos donde solamente veo vacío y dolor en un niño, una condición familiar que vi en Ntiinta.

Teniendo todo este dolor paralizante en el pecho, ahora puedo comprender a mi sobrina y los muchos huérfanos con quienes he trabajado cuyo comportamiento juzgué injustamente. Ahora sé lo que poco se hizo para mantener vivos los recuerdos de sus seres queridos. Dejamos que ellos afrontaran sus emociones y recuerdos solos. De cierta manera, esto creó una sensación de abandono aun mientras tratábamos de apoyarles.

 

Audrey Hamayanda, coordinadora de comunicaciones, le apasiona captar recuerdos como fotógrafa para Children International.

Para llenar el vacío

El vacío que se forma al perder un ser amado es profundo. Muchos de los niños que caen en él terminan atrapados. Muchos niños vulnerables enfrentan muchos retos, de los cuales muchos pueden ser ignorados debido a creencias culturales. El saber que hay alguien que se preocupa por sus sentimientos les da esperanza. Es el tipo de esperanza que los padrinos y las madrinas extraordinarias como usted dan.

Aunque parezcan una simple carta o foto que envíe o reciba hoy, esas palabras e imágenes tienen la habilidad de ayudar a que un niño encuentre consuelo y la fuerza para realizar hazañas monumentales dentro de 20 años.

Es la especie de consuelo que me da andar con la cámara de mi padre. Cada buen recuerdo es como una garrocha que ayuda a una persona a saltar las vallas de la vida. Cada gesto de amabilidad crea un mar de abundancia.

Ya sea con la cámara antigua Kodak Instamatic o la digital Canon EOS 7D, seguiré tomando fotos y captando recuerdos. Si no lo hago por mí, entonces lo haré por un niño afligido que necesita la clase de esperanza que una persona bondadosa al otro lado del mundo está dispuesta a darle.

Envíele a su niño apadrinado esperanza y cariño hoy mismo. ¡Escríbale una carta!

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