De dificultades a un futuro lleno de esperanza

Contratiempos

La familia de Fátima no siempre vivía en un chiquero adaptado. De hecho, Adriana, la mamá de Fátima, dice que la familia estaba bien antes de verse obligados a cambiar de casa. Vivían en una casa humilde, pero espacioso al lado del empleo de Adriana: una sastrería privada.

Sin embargo, cuando se cerró la sastrería y el dueño perdió el edificio, la familia de Fátima ya no tuvo la opción de vivir en su casa. Además, a pesar de trabajar dos turnos, su padre, José, no pudo mantenerlos con su trabajo de taxista. Ante la posibilidad de quedarse sin casa, se vieron obligados a cambiarse del centro de Guadalajara a un área rural —y más económica— de Jalisco.

Aun así, la única opción factible fue rentar un chiquero de un pariente.

Una transición difícil

“Los momentos más difíciles que hemos vivido mi familia y yo son la vez que tuvimos que cambiar de casa”, dice Fátima. “Tener que vivir en el chiquero… y adaptarlo para tener un lugar donde vivir”.

La familia no estaba acostumbrada a vivir en condiciones tan pesadas. Antes de mudarse, Adriana ganaba mucho más de que lo que ella y su esposo ganan ahora.

“Fue un cambio dramático para todos nosotros”, admite Adriana. Las niñas tuvieron que inscribirse en nuevas escuelas, el cual significaba pagar matrículas y comprar uniformes nuevos. Entre estos gastos y la renovación del chiquero, los escasos ahorros que tenían se gastaron rápidamente.

“Poquito a poco, gastamos mucho”, dice Adriana. “Cuando llegamos aquí, todo ese cambio, toda esa economía que no teníamos, me afectó mucho. Emocionalmente, me tumbó. Sentí que no era lo que mis hijas merecían. Hubo un tiempo que me deprimí mucho”.

Poco después de que terminar las renovaciones, la familia de Fátima se dio cuenta que apenas estaban saliendo adelante. “A veces,” recuerda Fátima de esos tiempos difíciles, “si ocupaba un lápiz, mi mama tenía que comprar menos para comer para que me pudiera comprar el lápiz”.

Para empeorar la situación, la comunidad donde viven ahora no cuenta con una fuerte presencia policial, lo que permite que influencias negativas tengan la oportunidad de proliferar. “Es peligroso”, dice Fátima. “Hay personas que quieren hacerle algo malo a uno. Y las pandillas son personas que se la pasan drogándose, molestando a las personas, robando. Y de repente, si se cruzan, si se ven, pues se pelean”.

Un balance

Se mudaron cuando Fátima tenía tan sólo 8 años. Fue un tiempo particularmente vulnerable para la niña, debido a la inestabilidad económica de la familia y sus nuevos entornos. La necesidad de Fátima y su familia estaba incrementando. Afortunadamente, la hermana de Adriana supo de la presencia de Children International en la comunidad.

Después de aprender sobre la organización, Adriana llevó a Fátima al centro comunitario de CI para inscribirse. Fátima quedó en la lista de espera, deseando que alguien le apadrinara lo más pronto posible.

Pasaron meses. “De repente, le hablaron a mi mamá,” recuerda Fátima, “Y dijeron, ‘¿Qué cree? Su hija ya está apadrinada’. ¡Y mi mama y yo nos pusimos a gritar!”

“Mi primera reacción fue gritar de emoción,” confirma Adriana. “Y luego, sentí paz”.

La hermana de Adriana les había contado sobre los beneficios de CI, tales como la asistencia educacional, acceso a servicios de salud, programas de desarrollo de habilidades y más. El apadrinamiento les proporcionó confianza y esperanza también, aliviando la presión que sentían desde que cambiaron de casa.

Una recuperación gradual

“Cuando Fátima empezó a ir a Children [International], cambió mucho nuestra vida”, dice su mamá. Y no solamente fue un alivio económico o de salud. “Emocionalmente, a mí me ayudaron mucho”, dice Adriana. “Estaba deprimida. Yo no quería echarle ganas”. Adriana tomó clases, y se ha convertido en una mama voluntaria con CI, el cual dice que ha enriquecido su vida.

Y los cambios en Fátima han sido asombrosos. Laura Torres, facilitadora de computación de CI-Jalisco, nos dice, “La primera vez que Fátima y su mamá acudieron a aquí a Children [International] a preguntar por los cursos de computación, Fátima era una niña muy tímida. No hablaba mucho. Sue crecimiento fue impresionante. Ahora es extrovertida, con ganas de seguir aprendiendo,” agrega Laura. “Fátima siempre está en el centro comunitario. Termina un taller, y de inmediato ella está inscrita en otro”.

Y siguen adelante

Fátima está agradecida por las oportunidades que recibe por medio del apadrinamiento. “Yo fui a Children [International],” dice ella, “y nos daban clases de regularización de matemáticas y de español, y entonces yo fui mejorando. Y de tener 6, subí a 9, y de 9 no bajo”.

Esta joven de 12 años de edad tiene una visión para su futuro inspiradora. “Ver cómo es mi comunidad me ha movido a querer ayudar a las personas”, dice Fátima. “Porque hay niños que ni un año han cumplido y andan en la calle. Andan con personas que venden drogas, y como si nada los niños ya viven entre eso. Y eso a mí me ha motivado a querer ayudar, y hacer una guardería que sea gratuita para que los niños tengan una mejor enseñanza”.

Para los niños y las familias enteras que enfrentan las dificultades de vivir con escasos recursos diariamente, el apadrinamiento se trata de más que un cambio tangible. “Hay cosas que no son materiales que yo he ganado en Children [International]”, concluye Fátima, “como el cariño a las personas. Yo les he entregado mi cariño y ellos me han entregado el suyo. Y yo le quisiera decirle a mi padrino, ‘¡gracias por haberme apadrinado!’”

Vea lo que logramos juntos en el mes de septiembre. Y todo comenzó con una…

Ver la diferencia

Comentarios

rmhailey
oct 9, 2018

What an awesome story; may God continue to immensely bless you Fátima, and your family.

pandelidisjody
oct 10, 2018

Thank you Fatima and Adriana for sharing your story. So pleased to hear that Children International is helping and is located where help is needed. Best wishes for continued support and progress towards a healthy future!

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