Sueños sin barreras

 

Nuestros programas proporcionan las herramientas para combatir la pobreza, pero también se requiere valentía para encontrar el tipo de éxito que logró Connie, graduada del programa de Children International.

De camino al trabajo, Connie, en su uniforme azul claro y nítido, se detiene a conversar con dos mujeres. Como proponente de relaciones entre la comunidad y la fuerza policial, su trabajo consta de reforzar la presencia de la policía y al mismo tiempo cumplir con su juramento de proteger a su comunidad. Ella se hace cargo de dichas responsabilidades con mucho orgullo.

La graduada del programa de Children International de 25 años de edad es una oficial de la Comisión de Policía de la isla Rapu-Rapu, Tabaco, Filipinas. Su sonrisa radiante muestra lo agradecida que está de haber encontrado el éxito y de haber hecho realidad su sueño de ayudar a los demás.

Sin embargo el alcanzar ese sueño no fue fácil.

Desesperación en la pobreza

Su niñez en la pequeña isla de Batan, Filipinas, fue difícil para Connie, la menor de cinco hijos. Nunca lograban salir adelante por más que trataran.

El padre y los hermanos de Connie pescaban por la mañana; ella y su madre caminaban por horas en su pueblo tratando de vender la pesca del día. Sus esfuerzos les generaban unos US$120 al mes, pero el mal tiempo —que podía durar días— muchas veces les imposibilitaba la pesca. Sin nada que vender, la familia tenía que pedir dinero prestado de familiares o vecinos para comprar comida.

Sin recursos económicos, su hogar, diminuto para siete personas, se encontraba en un constante estado de deterioro. Hecha de madera y hojas de palma, su casa goteaba cada vez que llovía, y el daño causado por las termitas la hizo inclinarse a un lado.

"La pobreza fue mi motivación. Sólo podía pensar en que tendríamos una vida mejor si completara el entrenamiento". – Connie, graduada del Programa y oficial de policía en las Filipinas

En su papel como oficial de policía, Connie trabaja con el crimen contra las mujeres y los niños. Dice que se siente honrada de poder servir y proteger a su comunidad.

En su papel como oficial de policía, Connie trabaja con el crimen contra las mujeres y los niños. Dice que se siente honrada de poder servir y proteger a su comunidad.

"Cada vez que había un tifón, mis hermanos y mi padre mantenían sujetada la casa, literalmente", dice Connie.

A pesar de estos obstáculos, Connie se enfocó en sus estudios y aprovechó las actividades educacionales y de desarrollo juvenil de Children International. Ella sabía que la alternativa a una vida educada era un futuro con muy pocas oportunidades de trabajo remunerado.

Por eso, justo después de graduarse de la secundaria a los 17 años de edad, Connie tomó una valiente decisión, una que muchos de sus parientes y vecinos consideraron ridícula e ingenua. Con casi nada de dinero ni planificación, ella se trasladó a tierra firme para asistir a la universidad.

"Era ahora o nunca", explicó ella. "Si esperaba a independizarme económicamente, tal vez lo haría a una edad demasiado avanzada. O bien, quizás nunca ahorraría lo suficiente para ir a la universidad". Por eso Connie decidió arriesgar lo poco que tenía en busca de su sueño. Sin embargo, la vida urbana resultó ser más desafiante —y costosa— de lo que ella había anticipado.

Una nueva esperanza en Children International

Un mes después de llegar a la ciudad, Connie apenas estaba sobreviviendo. Buscando maneras de sustentarse, ella descubrió que Children International ofrecía becas para estudiantes que no podían costear sus estudios superiores. Desesperada, ella usó el dinero que le quedaba para tomar un bus al centro comunitario de Children International en Tabaco City para solicitar una beca HOPE (Habilidades y Oportunidades Por medio de la Educación). Sin un centavo a su nombre, Connie estaba hambrienta cuando llegó al centro.

"Mis manos me temblaban al llenar la solicitud", recuerda ella. "El personal pensó que yo estaba nerviosa... pero en realidad temblaba del hambre".

Un empleado de Children International enseguida le preparó un tazón de avena. Connie le dio las gracias por su bondad, terminó de llenar la solicitud y volvió a casa. Varios días después, ella recibió la noticia de que se había ganado la beca. "Fue como si mi vida se volvió maravillosa en un instante", dice Connie.

Debido a que la beca cubría gastos como matrículas, comida, alojamiento y transporte por dos años, ella podía enfocarse en sus estudios. "Mi sueño de obtener una licenciatura de la universidad de Bicol llegó tan cerca a mi alcance que me imaginaba luciendo la toga de graduación", dice ella.

A pesar de que Connie originalmente pensaba estudiar enfermería, el alto grado de competencia en ese campo le hizo enfocarse en otra carrera. Ella decidió postular a la Comisión Nacional de Policía.

"Siempre soñé con ayudar a los demás", explica ella. "Quería ser un instrumento de justicia. Sueño con un mundo que es justo y pacífico".

Por casi un año, Connie aguantó un entrenamiento riguroso: constantes ejercicios en climas extremos, natación en lagunas turbias y carreras de casi 16 kilómetros con bolsas de 10 kilos de arena. Los cadetes generalmente dormían con sus uniformes puestos y se les enseñó a pasar hambre —una sensación que Connie conoce bien—.

"Sentí como si derraba lágrimas de sangre todos los días en el campo de entrenamiento", confiesa ella, "… nos enseñaron a tener la fuerza y resistencia de una bestia".

Había diariamente un ambiente de alta tensión. Muchos de sus colegas renunciaron, pero sus fracasos fortalecieron en Connie su determinación a perseverar. "La pobreza fue mi motivación", dice ella. "Solo podía pensar en que [mi familia y yo] tendríamos una vida mejor si completara el entrenamiento".

En 2012, Connie se graduó de la capacitación policial y recibió su primera asignación —patrullar las calles del centro de la ciudad de Legazpi—.

Connie y los demás cadetes aguantaron 10 meses de entrenamiento intensivo.

Connie y los demás cadetes aguantaron 10 meses de entrenamiento intensivo.

Sueños se hacen realidad

Muchos niños como Connie, que viven en algunas de las condiciones más precarias imaginables, abandonan en su adolescencia sus sueños de ser atletas profesionales, médicos, abogados o artistas. Después de todo, cuando uno apenas está sobreviviendo —luchando por pagar hasta las necesidades básicas como alimento, agua y refugio— las esperanzas y los deseos son aplastados rápidamente.

Sin embargo los jóvenes en los programas de Children International reciben las herramientas para salir adelante. Para Connie, el Taller de Liderazgo Juvenil y los seminarios sobre el género al final le permitieron poner en práctica dichos conocimientos a favor de las mujeres.

Hoy, Connie es oficial de policía enfocada en relaciones comunitarias y casos de crimen y violencia contra las mujeres y los niños. "Para mí es un gran honor poder servir y proteger a las mujeres de nuestra comunidad", dice ella. Connie espera ejercer una carrera en la fuerza policial y aspira ascender los rangos. A ella también le gustaría formar una familia, sabiendo que sus hijos no enfrentarán la misma pobreza extrema que ella vivió en su niñez.

Fotos y apoyo investigativo: Eduardo Uy Jr.