Para la mayoría de
los campistas es su primer experiencia vacacional sin sus padres.
La ansiedad y el nerviosismo de los adolescentes de la fundación
Children International, más los consejos de última hora de sus
familiares, los delata.
La idea de estar solos todo un fin de semana los entusiasma y, aunque de
antemano conocen las reglas del campamento, la oportunidad de viajar, conocer
un destacamento militar, hacer nuevos amigos y aprender cosas nuevas, pesa
más que cualquier normativa.
Las reglas son estrictas y se aplican desde el momento de la partida. A las
07:00 salían los buses y a esa hora todos estaban listos para abordar.
Aún con muchas dudas sobre la nueva experiencia, suben a los buses, que
los llevaría hasta el destacamento de Infantería de Marina en
Punta Barandúa.
Durante el trayecto, como no se conocen, hablan bajo y van correctamente
sentados; pero esa calma les duró pocos minutos. Antes de pasar el
peaje, el carisma y buen ánimo de Chicho (José Barahona Torres),
un ex apadrinado que hoy forma parte del equipo de trabajo Children,
contagió a la mayoría de jóvenes que lo
acompañaban.
En esta ocasión, el tercer y último campamento del año,
viajaron 208 adolescentes y jóvenes con un solo objetivo
“motivarlos a trabajar en equipo”, dijo Ricardo Romero,
líder del grupo de campamento.
A su arribo fueron recibidos por el sargento Luis Zúñiga. Durante
su corta intervención de bienvenida no necesitó hablar de las
reglas del lugar, porque durante el trayecto los guías se encargaron de
informarles sobre las normas del cuartel.
Los adolescentes provienen de diferentes sectores de la ciudad, Pancho
Jácome, Flor de Bastión, Bastión Popular, Mapasingue,
Durán y otros. La pluralidad no les incomoda, pues desde que llegaron
todos se identifican por colores y no por zonas.
Amarillos, rojos, verdes, azules, celestes, melones y otros son sus distintivos
y para evitar confusiones al igual que los Boys Scout llevan en su cuello una
pañoleta del color de su patrulla (grupo) y el líder lleva la
bandera, la que estará siempre al frente del grupo.
Elegir al abanderado es la primera actividad que se define por votación.
Gustavo Murillo Figueroa, es el más joven de los guías, tiene 13
años de edad y aunque es la segunda vez que participa de un campamento,
dirige el grupo con los expertos.
En la patrulla de los amarillos se encuentra Sara Vera Castro, ella es la
más pequeña de los campistas; esa característica la
inquieta, a tal punto que al momento de la dinámica de
presentación olvidó el nombre de su colegio.
Algo parecido ocurría con Patricia Sotomayor, para no olvidar el nombre
de sus compañeros repasaba una y otra vez en su memoria y con ayuda de
los dedos la nómina de la patrulla.
A cuatro horas del inicio de esta aventura, que se extendió hasta ayer,
los jóvenes empiezaron a desinhibirse, especialmente luego del recorrido
de reconocimiento o infantitour.
La presencia de militares despierta curiosidad entre los visitantes,
especialmente por el lado femenino; pero como en este lugar las leyes no
cambian para los visitantes, no hay tiempo para nada. El reloj rige todas sus
actividades, incluyendo las horas de sueño. Para Viviana Suárez
cinco minutos en la ducha es un verdadero reto, pues en casa demora hasta una
hora, comenta.
Los jóvenes están conscientes de la importancia de trabajar en
equipo. “Nosotros venimos a aprender y crecer”, dice Rudy
Quimí Salazar, un joven de 17 años, que el próximo
año representará al Ecuador en un evento internacional de
jóvenes que se realizará en Cartagena, Colombia.
A través de juegos, dinámicas y experiencias propias,
Ángel Morán, guía de los Rojos, intenta elevar la
autoestima de estos jóvenes, que provienen de hogares pobres y en
algunos casos desintegrados.
Ángel no teme hablar de sus errores pasados con un grupo de
desconocidos, al contrario, está convencido que sus palabras los
hará reflexionar sobre la importancia de la familia, de estudiar, de
participar y ayudar a los demás, afirma.
En ese esfuerzo por integrar a los jóvenes a una vida más
participativa y solidaria, el aporte del personal de la institución es
fundamental, porque ponen en práctica dinámicas que los ayudan a
valorar a su familia y olvidar odios y rencores.
Solo con la pregunta: ¿Qué pasaría si de regreso a casa ya
no están sus padres? a varios de ellos los desmoronó el deseo de
regresar a casa.
De esa forma se cumple uno de los objetivos del viaje, afirma Romero. Pero
aquí no todo es trabajo, a la hora de la diversión se olvidan
hasta las dolencias y el cansancio.
Los juegos como la telaraña, familia conejo, fútbol, los puso a
correr por más de una hora y todos lo hicieron con todas las ganas,
porque al final serián los primeros en ingresar al comedor para tomar el
refrigerio.
De esta forma, ayer se cerró el programa de campamentos. Los directivos
de Children anunciaron que realizarán cinco visitas al recinto militar
en el 2006, para que más jóvenes puedan disfrutar esa aventura.
Acerca de la fundación
Children International
La fundación es una organización humanitaria sin fines de lucro,
que ayuda a los niños pobres de 11 países alrededor del mundo,
entre ellos Ecuador.
En este país, la organización ha apadrinado a 30.000 niños
ecuatorianos, que viven en sectores marginales de la ciudad, como
Bastión Popular, Flor de Bastión, Mapasingue, Pancho
Jácome y Durán.
Programas
Salud y Nutrición: Proporciona a los niños y sus familias
servicios de cuidados básicos de salud y protección para la
malnutrición. Las madres son capacitadas constantemente en la
preparación de comidas saludables y de bajo costo.
Educación: Los padrinos, entre los que se encuentran voluntarios
ecuatorianos, aportan en la educación de sus ahijados,. Con su aporte
los niños cada año escolar reciben uniformes, útiles
escolares, matrícula y tutorías.
Asistencia familiar: Se han creado programas para cubrir necesidades
básicas de viviendas.
En los hogares más pobres y necesitados la fundación colabora en
el mejoramiento de las vivienda, especialmente en lo que tiene que ver con el
piso y el techo.
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