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“Dos abuelos dan el ejemplo de ayuda en un barrio del sur.”
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El viento golpea fuerte las faldas de la parte posterior del Pichincha. Un estrecho sendero de tierra floja conduce al flamante centro de ayuda del barrio El Tránsito, cuya edificación se ha convertido en el ejemplo del desprendimiento y la solidaridad. Has dos semanas los vecinos inauguraron el edificio de la Fundación Children International, que se destaca entre las pequeñas casas de teja de este barrio del sur. Desde que el centro abrió las puertas, las madres acuden al lugar con sus niños en brazos para el control médico o para curar alguna dolencia. En el local funcionas dispensarios médico y odontológico. Así como una biblioteca y un centro de cómputo. Tener una unidad de salud en el sitio era el anhelo de los moradores desde cuando se constituyó el barrio, hace 18 años. Pero este sueño solo se hizo realidad gracias a la solidaridad de dos abuelitos, quienes a pesar de no poseer grandes riquezas decidieron donar el único predio que les quedaba, luego de la repartición de las herencias y que estaba frente a su casa. “Yo siempre tuve la idea de que ese terreno sirva par algo del barrio. Quería que sea un parque, pero luego me dijeron que mejor un dispensario, y con mi esposa vimos que eso era bueno,” dice Antonio Estrella, quien a sus 78 años, asegura que cumplió con su labor. Antonio tiene el cabello cano y camina despacio, pero a él no le importar tomarse el tiempo necesario para cruzarla calle, varias veces en el día, y llegar al centro. Cuando se para frente al ingreso sus pequeños ojos cafés se le llenan de lágrimas, “Es la emoción,” dice. La idea de levantar el centro nació hace dos años cuando Antonio y Cecilia Tulcanaza, su esposa, decidieron donar el terreno par un proyecto de Children International. Ellos se enteraron de que el plan, que ayuda con fondos internacionales, a los niños de familias de escasos recursos, no iba a concretarse porque faltaba un lote para levantar el centro. “Nosotros dimos el terreno porque ya somos viejos. La tierra se queda aquí y queríamos dejar algo para los vecinos,” manifestó Cecilia. En este barrio el 98 por ciento de las familias son pobres. Así fue como, luego de que ellas se encargaron de hacer los papeles, los vecinos empezaron a levantar las paredes del centro a través de mingas. Día a día Estrella Tulcanaza veía como el sueño del sector se hacia realidad en su lose. Los abuelitos en el barrio son admirados, pero no solo por esta obra, sino por la labor que siempre han hecho a favor de la zona. Los habitantes recuerdan cómo esta pareja tiene la costumbre de invitar a los niños del barrio para regarles caramelos en Návidad. Los fondos para el agunaldo son recaudados durante todo el año y se obtienen de la venta de caramelos y chicles. Una pequeña caseta es el negocio de estos abuelitos que así se ganan la vida. Pero no solo los niños han sido beneficiados por esta familia. En la Semana Santa, Cecilia acostumbra a cocinar la Fonseca para compartir con los vecinos. Con la apertura del centro se benefició directamente a 2,556 pequeños de la zona, quienes ya pudieron ser parte del programa de apadrinamiento que funcionaron recursos internacionales donados por personas particularos. Así los niños tienen atención gratuita. |