Children International Stories
Atrapados en el pasado

Atrapados en el pasado


Para Katy, Rosa y Ángel (izq. a der.), la familia es el elemento común que une las vidas en las alturas
sobre Quito, Ecuador.
Por Scott Cotter

El viento aúlla como siempre lo ha hecho aquí arriba, sacudiendo el polvo de la tierra enfrente de la casa de Rosa.

Entornando sus ojos por el sol del mediodía, la mujer de 45 años de edad junta sus manos sucias y encalladas sobre su regazo. Se inclina hacia adelante, con hombros decaídos y jalados hacia el suelo por la edad y la ardua labor.

A medida que el burro atado detrás de su pequeña casa suelta un fuerte rebuzno, Rosa mira hacia la conglomeración de viviendas, negocios, calles, cables eléctricos y campo abierto que se extiende por las ondulantes colinas de Quito, Ecuador.

No es su mundo allá abajo. Más bien, es un mundo del cual ella conoce poco excepto por lo que ella ve desde su propia realidad aquí arriba entre un aire ralo y frío.

Rosa y su familia vinieron del área rural de Ecuador hace algunos años en busca de algo mejor. Al igual que muchas familias indígenas, ellos emigraron a las colinas arriba de la ciudad donde la vida se siente más como lo era dónde vivían antes. Y al igual que muchos de sus vecinos, la familia genera la mayor parte de sus ingresos con el terreno que les rodea.

Junto con su esposo, Rosa solía operar un negocio de carbón, pero lo perdieron cuando la comunidad donde obtenían su leña prohibió que las familias cortaran árboles de las colinas para hacer combustible tradicional para cocinar. Por ahora, Rosa cuida animales ajenos, mientras que su familia vive en una casa de la cual no son dueños y en un terreno que cuesta mucho más de lo que jamás podrán ganar.

Para poder sobrevivir cuando su esposo no logra encontrar trabajo de construcción – lo cual
alfalfa durante ciertas etapas del año, pero afirma de manera remisa que ella termina “sintiéndose mal”; sin embargo, ve la gravedad de su difícil situación como apenas un esfuerzo más que ella está dispuesta a realizar para que sus hijos no pasen hambre.

Silenciosamente, Rosa confiesa que su esposo gasta lo poco que él gana en bebidas alcohólicas, mientras que ella lucha por mantener unida a su familia. Es un pensamiento que ella descarta a medida que el viento se lleva consigo sus palabras.
Atrapados en el pasado
Puede que Katy tenga oportunidades que su madre nunca
tuvo gracias a la educación que ella ahora recibe.

***

Este estilo de vida no es fácil para la familia de Rosa – ni para las demás familias que viven aferradas a las colinas empinadas que rodean a Quito. La situación tampoco ha mejorado con el traslado a un lugar más cerca de la ciudad.

Algo que sí ha cambiado, no obstante, es la educación. El programa de apadrinamiento ha influenciado a muchas familias a que inscriban – y mantengan – a sus hijos en la escuela. Con la ropa, los útiles y el apoyo que necesitan, esto equivale a un costo reducido para que ellos puedan utilizar sus ingresos escasos para abordar otras necesidades.

Para Ángel, de 14 años, y Katy, de 12, los dos hijos menores de Rosa, el apadrinamiento no sólo es una red de respaldo, sino que puede resultar ser un peldaño a una vida diferente y quizás mejor. Por lo menos, ellos tendrán un fuerte cimiento del cual pueden iniciar el proceso con el cual ellos y generaciones futuras podrán superar la pobreza.

Por ahora, ellos continuarán viviendo en una casa prestada en las colinas en lo alto de Quito. Ellos seguirán conociendo la lucha de sus padres y las dificultades que presenta la pobreza – igual como las familias indígenas en Ecuador han estado viviendo por generaciones.

Pero Ángel y Katy también sabrán del amor de una madre que haría cualquier cosa por sus hijos. Asimismo, el apadrinamiento tal vez les colocará en un camino distinto para que tengan oportunidades que ella jamás tuvo.

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